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ABUNDANCIA DE VIDA

En las lecturas de hoy encontramos una gran continuidad entre la primera lectura y el evangelio: se habla de una abundancia de vida y de salud que llega a cumplimiento en Jesucristo.

Hoy en las lecturas de la misa encontramos una relación muy clara y muy linda como dicen los argentinos entre la primera lectura y el Evangelio.

En la primera lectura, leemos una visión del profeta Ezequiel. Ezequiel es un profeta que habla mucho del templo y en una ocasión dice que

«un hombre me llevó a la entrada del Templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el Templo miraba hacia el oriente y el agua bajaba por el lado derecho del Templo, al sur del altar»

(Ez 47,1).

Esa agua que va saliendo por el templo, por el lado derecho del altar, sale poquita agua. Después de una distancia, esa agua, ya es más abundante y después de unos pasos más hacia abajo es más y más abundante hasta que ya es un gran río que no se puede pasar. No se puede cruzar sino a nado, según la visión del profeta.

Y continúa, te voy a leer el último párrafo.

«Después me hizo volver a la orilla del torrente y al mirar hacia atrás vi una gran cantidad de árboles en una y otra orilla. Aquel hombre me dijo: “estas aguas van hacia la región oriental, bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente vivirá. Habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por donde quiera que el torrente pase, prosperará la vida. (…)

En ambos márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que emanan del santuario, sus frutos servirán de alimento y sus hojas de medicina”»

(Ez 47, 6-12).

Hasta ahí esa visión del profeta en el que hay abundancia de vida. Un agua que la imaginamos fresca, un agua que corre, un agua limpia, un agua que da vida, que cura, que sanea, como dice aquí.

abundancia

Y en el Evangelio leemos que Tú, Jesús, llegas a una piscina, una piscina milagrosa que había, donde te encuentras con un enfermo que lleva 38 años postrado y que Tú le dices,

«¿quieres curarte?»

(Jn 5, 6)

Y él dice, es que nadie me puede ayudar… y Tú lo curas.

«Levántate»

(Jn 5, 8),

le dices y él se levanta y queda curado.

Tú, Señor, puedes más que cualquier agua milagrosa, Tú eres la vida y Tú por eso puedes dar la vida. Tú eres la salud y por eso puedes dar la salud.

Vemos, precisamente, en esta correlación de las dos lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, que Tú, Jesús, eres el cumplimiento de todas las profecías, de todos los anhelos del pueblo judío, pero también de todos los anhelos y todas las esperanzas del corazón humano.

En Ti encontramos la plenitud y ¿qué plenitud encontramos? Me gusta pensar en esta imagen del altar que ve el profeta Ezequiel. El agua sale del altar, sale del templo del lado derecho del altar y Tú señor, eres el Templo. Tú le dices a los judíos:

«Destruyan este templo y Yo en tres días lo levantaré»

(Jn 2, 19).

Y ellos dicen: “cómo, pero este templo…” Y san Juan apunta, pues él se refería al templo de su Cuerpo.

Tú, Señor, eres el lugar de la presencia de Dios, porque Tú eres Dios y hay un agua que brota del lado derecho del templo. Y pensamos que cuando estabas ya muerto en la Cruz, un soldado se acercó y te traspasó el lado derecho y brotó al instante agua y sangre; entregaste, Señor, hasta la última gota de tu sangre.

ADORO TE DEVOTE

Hay un himno Eucarístico que se llama el Adoro te Devote muy bonito. Hay una una estrofa en la que leemos:

“Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame a mí inmundo, con tu sangre, de la que una sola gota puede librar de todos los crímenes al mundo entero…”

abundancia

Una sola gota puede borrar todos los pecados de la humanidad, desde el primer pecado hasta el último pecado. Señor, Tú borras mi pecado, de verdad te pido perdón y Tú lo borras.

A veces soy tan débil, tan tonto que mis pecados me abruman, me lamento y quizá me preocupo demasiado por haber fallado y no veo tu perdón y no me alegro en tu perdón.

Cómo he yo de también alegrarme. Yo soy pecador, pero Dios es misericordioso. Por lo tanto, el pecado no me aplasta, no me abruma. No quiero pactar con el pecado, Señor, ayúdame a alejarme de verdad del pecado, a rechazarlo.

Pero al constatarlo en mi vida, que no pierda la paz, porque una sola gota de tu Sangre basta para borrar todos los crímenes del mundo entero. Y Tú entregaste no una sola gota, sino toda tu sangre y la sigues entregando todos los días en la misa, que es el mismo sacrificio de la Cruz.

Por eso, qué bonito cuando el sacerdote levanta el Cáliz y dice:

“esta es mi Sangre”

(Mt 26, 26-28);

Tú, Señor, lo dices a través del sacerdote y lo muestras a todo el pueblo que está ahí. Luego levanta el cuerpo de Cristo, lo muestra al pueblo y dice:

“este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

GRACIA EN ABUNDANCIA

La verdad, Señor, es abundante tu gracia para borrar nuestros pecados. Por eso, hemos de estar muy agradecidos. Acudir, por supuesto, al sacramento de la confesión. Tu perdón se hace evidente, se hace efectivo e ir muy contentos por la vida. Y cuando te fallamos rápidamente pedirte perdón.

Leímos hace un par de días, el domingo, el Evangelio del hijo pródigo que vuelve a su padre a pedirle perdón. Quizá está muy nervioso o como dudoso: voy con mi padre a ver qué me dice, a ver qué regañada me da.

Y el padre en cuanto lo ve, se enternece, va y lo abraza, le pone un anillo, una túnica y unas sandalias. Y hace una fiesta porque

«estaba muerto y ha vuelto a la vida; porque estaba perdido y lo hemos encontrado»

(Lc 5, 24).

Pues yo también puedo, Señor, darte muchas alegrías al convertirme una y otra vez, cada día recomenzar. En Ti encontramos abundancia de perdón, pero también, Señor, en Ti encontramos toda abundancia.

Y si estamos unidos a Ti, tenemos esperanza de que todas estas imágenes que leemos de abundancia, que son muchas, (son abundantes las imágenes de la abundancia que leemos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo), serán realidad, se están haciendo realidad y serán realidad al final, cuando estemos contigo en el Paraíso y resucitemos.

También en nuestro cuerpo, que es débil, que es limitado, encontraremos una plenitud de vida, plenitud de gozo y plenitud de placer también. Tú nos saciarás completamente sin empalagarnos y estaremos totalmente colmados en el Cielo.

Señor, ayúdanos a estar muy unidos a Ti, tener esta esperanza muy viva. Se lo pedimos a nuestra Madre, la Virgen.


Citas Utilizadas

Ez 47, 1-9. 12

Sal 45

Jn 5, 1-3. 5-16

Reflexiones

No quiero pactar con el pecado, Señor, ayúdame a alejarme de verdad del pecado, a rechazarlo.

Predicado por:

P. Juan Pablo

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