ESCUCHA LA MEDITACIÓN

VANA GLORIA, GLORIA VANA

Solo cuando se lucha contra la vanagloria se puede descubrir a Dios en la propia vida y en las preocupaciones ordinarias.

El evangelio de hoy, que es de san Juan, nos dice que: 

“Algunos de la multitud que lo habían oído opinaban:“Este es verdaderamente el Profeta” Y otros decían: “Este es el Mesías”. Pero otros preguntaban: “¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David? Y por causa de él se produjo una división entre la gente.

Y luego explica que: 

Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. Y entonces, los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron? Y ellos respondieron: “Nadie habló jamás como este hombre”, refiriéndose a Jesús. Y entonces claro, los fariseos les dicen a estos enviados que tenían que traérselo, a los guardias: “¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Algunos de los jefes o de los fariseos han creído en él?” En cambio esta gente no conoce la ley, está maldita. 

Y en cambio Nicodemo, uno de ellos que había ido antes a ver a Jesús, le dijo: “¿Acaso nuestra ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes de saber lo que hizo? Y ellos se escudaron diciendo: “Tú eres también galileo. Examina las escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta” Y después de esta pelea cada uno se regresó a su casa”.

SER HUMILDES

Señor hoy que estamos haciendo este rato de oración, te pedimos que nos ayudes a ser humildes para ver las cosas que nos pasan y no tener ese sobresalto, esas iras internas de que las cosas no se hacen como a nosotros nos gustaría. Porque Dios muchas veces escribe derecho con renglones torcidos. Hace las cosas sin que a nosotros nos parezca pero Él tiene su forma de actuar porque no hace según la mentalidad humana sino desde la mentalidad divina.

Por eso qué importante es vivir la humildad de aceptar las cosas que nos vienen de Dios y de saber cuáles son nuestros límites y saber cuál es el poder de Dios, el poder de Jesús. Hay que huir de la vanagloria y de la desubicación. 

Decía Salvador Dalí: “Desde 1929 tengo la clarísima conciencia de ser un genio, es más el genio,  el representativo de mi tiempo. Esto se ha  ya descrito en la morfología de mi rostro, como lo estaba en la de mi hermano que murió de meningitis a los 7 años. Él también se llamaba Salvador, porque de no haber muerto hubiera salvado al mundo, es decir, hubiera salvado lo que se puede y se debe salvar del mundo. Lo hubiera salvado al igual que yo puesto que todo lo que hice representa lo mejor que fue hecho pictóricamente en la primera mitad de este siglo. Aunque no es nada comparado con lo que estoy haciendo y con lo que haré”. 

Vana Gloria

QUIÉNES SOMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS

Estas palabras que no sé, creo que exigen una apertura mental lo suficientemente grande como para esbozar una sonrisa pues Salvador Dalí, que era un genio, pero también hacía bravuconadas, como este texto que acabamos de leer, y solo intentaba decir con ironía algo simpático. 

Pero tú y yo sí que tenemos que tener precaución. Si parecidos pensamientos nos asaltan con seriedad en nuestras mentes, porque cuando nos invaden, sin dimensión humorística alguna, sino como la verdad, entonces sí que debemos encarar con firmeza la batalla de la humildad para evitar desubicarnos, haciendo el papel de tontos ridículos. 

Si nuestra imaginación es asaltada por pensamientos de ciencia ficción en los que nos consideramos los mejores del mundo en algo, no sé, en ciencia, literatura, deporte, canto, baile, cocina, lo que fuera, no los más importantes, pero sí súper importantes del país, de la provincia, de la universidad, del grupo de amigos, de la familia. 

Debemos tener cuidado y recordar que, aunque el mayor negocio del mundo es comprar a los hombres por lo que realmente valen y venderlos por lo que ellos creen que valen, cara a la eternidad, dicho negocio es el peor que podemos hacer. Y aunque en verdad seamos los mejores, prudente será comportarnos con humildad, es decir, evitando que estas ideas ronden nuestra imaginación insistentemente, porque eso nos llena de vanagloria. Es un vicio que contribuye también a que nos desubiquemos sobre quiénes somos o hacia dónde vamos. 

SER OTRO CRISTO, EL MISMO CRISTO

Hay que rechazar las ambiciones de ser sujetos que marcan, al igual que Cristo, un antes y un después en la historia de la humanidad. O si nuestra soberbia es más modesta en la historia de quienes nos rodean. Indudablemente el cristiano está llamado a marcar un antes y un después en el mundo viviendo fielmente su vocación. Pero la fidelidad a la propia misión no consiste solamente en ser Alter Christus, otro Cristo, sino en ser Ipse Christus, el mismo Cristo. 

De modo que si vivimos bien nuestra vocación, seguirá siendo nuestro Señor el centro del cosmos y de la historia, y reconoceremos sus obras en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean. Y así no nos pasará como

estos fariseos que no pueden reconocer a Jesús como profeta, peor como Dios. Porque ellos mismos tienen tanta importancia que no pueden ver la obra de Dios en sus vidas. 

Contaba un sacerdote, lo leo ahora dice: Tenía yo 42 años y tras un partido de fútbol en que sin haber padecido golpe alguno sufrí una misteriosa lesión muscular,  por primera vez tuve que ir al kinesiólogo. Y a los pocos días ya recuperado le pregunté: ¿cuál pudo haber sido la causa? Me contestó con otra pregunta: ¿cuál es su edad? Yo tengo 42 años, dije. Pues lo más probable es que cuando jugó usted el partido lo habrá hecho con el fervor propio de quien se le ha olvidado que tiene 42 años. 

Vana gloria Comunión Tú y yo

RECONOCER NUESTRAS LIMITACIONES

Yo pensaba, bueno sí, es importante que aceptemos nuestras limitaciones físicas siguiendo los consejos tradicionales, por ejemplo en materia deportiva suelen ser frecuentes las lesiones por no querer aceptar la decrepitud o ingresar al campo de juego rechazando todas las advertencias sobre los riesgos que implica hacerlo sin haber hecho los ejercicios de calentamiento, el precalentamiento muscular y por correr y hacer esfuerzos para los que ya no estamos preparados, pues eso te saca casi siempre lesiones. 

Ciertamente el gusto o la afición deportiva hacen comprensibles los esfuerzos imprudentes. Pero comprensible no es sinónimo de justificable. No lo olvides, nuestro cuerpo declina inexorablemente conforme a la edad que va teniendo uno. Y si uno tiene que irse limitando a las cosas que hace porque el cuerpo ya no reacciona, lógico es que también tengamos cuidado en el cuerpo, en las ideas, en las cosas. 

Cuando uno se cree más de lo que puede pues termina dañando, no solamente su cuerpo sino que también termina dañando a su alrededor una cantidad de cosas que no necesitarían cambio.  Vamos a pedirle al Señor que quitemos la vanagloria, que no nos creamos más que los demás, que actuemos de acuerdo con nuestra edad, en el vestido, en el deporte, en las cosas que damos a los demás. 

DESCUBRIR A DIOS EN NUESTRA VIDA

Es impresionante cómo muchas personas viven como una doble vida, como si tuvieran 15 años las que tienen ya 55 y se visten a veces de una forma que es demasiado llamativa. Bueno, estas son cosas imprudentes, impropias, que apelan a la vanagloria. No digo que haya que tener una forma de vestir súper concreta, pero siempre con prudencia y de acuerdo a la edad, porque si no, eso también es vanagloria. 

Que recordemos al Señor que en este caso, aparece de nuevo Nicodemo en este texto dando un poco de sensatez. Nicodemo, uno de ellos que había ido antes de hablar a Jesús, de hecho aparece en el capítulo tercero del mismo san Juan dice: “¿Acaso la ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?” O sea, les pone un poco de sensatez. 

Y muchas veces tendremos que ser también nosotros esa voz sensata que devuelva a nuestros amigos, a nuestros parientes, a nuestros allegados esa idea de prudencia, esa idea de quitar la vanagloria y poner de nuevo a Dios por principio de todo nuestro actuar. No con comentarios despectivos, pero sí en esa conversación uno a uno, haciendo una corrección fraterna o diciendo con cariño que cosas tal vez no van. 

Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a reconocerle siempre porque nuestra actitud sea una actitud humilde, que huyamos de la vanagloria para poder descubrirle en el día a día de nuestra vida.


Citas Utilizadas

Jer 11,18-20

Sal 7

Jn 7, 40-53

 

Reflexiones

Señor, ayúdanos a reconocerte en nuestra vida, en el día a día, con una actitud humilde y poniéndote en el centro de todo.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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