¡Cómo cambian las cosas con la perspectiva! Estas semanas nos han llegado noticias atroces de persecución violenta contra los cristianos en algunas partes del mundo.
Las imágenes que llegan de Siria o del Congo son terribles. Apenas llegamos al primer cuarto de este siglo XXI, y ya apuntamos a que este va a ser de los siglos con más mártires cristianos de toda la historia.
Es verdad que a algunos de estos mártires se les exige la apostasía, es decir que renuncien a la propia fe si quieren mantenerse con vida.
UNA CONDENA A MUERTE
A otros, ni siquiera se les ofrece esta oportunidad. Porque ya al estar identificados como cristianos es una condena a muerte.
Y estoy convencido de que entre estos mártires que derramaron su sangre como la de Cristo, hay muchos que pudieron vivieron la caridad hasta el grado heroico, como exige el Señor en el Evangelio de hoy:
“Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”.
(Mt 5, 43-44)
Este es un mandamiento de Dios, pero como de costumbre, para que quede claro que Dios no es un tirano que exige cosas imposibles, Jesús da Él primero el ejemplo.
Nos queda el ejemplo de la cruz; Jesús pedía por sus verdugos:
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
(Lc 5, 23-14)
Esto es fuertísimo, porque en medio de todo aquel suplicio, en el que, como nos pasa a nosotros cuando estamos sumidos en un dolor, ´-aunque sea un dolor de cabeza-….
Lo natural es encerrase más en el dolor, en cambio aquí hay donación total, hasta el punto que es capaz de rezar por sus verdugos.
Tenemos otro ejemplo en san Esteban protomártir, el primer mártir de la Iglesia, entendió perfectamente la tarea de imitar a Cristo.
VIVIR HASTA EL GRADO HERÓICO
En el momento en que están a punto de lapidarlo dice: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”- ¡Pedía para quienes lo iban a lapidar!
Y estoy seguro de que más de uno de estos mártires del siglo XXI supo vivir hasta el grado heroico este mandato de Jesús en el Evangelio de hoy:
“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”.
En cambio, a ti y a mí Dios nos pide algo mucho más sencillo. De ordinario, Dios no nos pedirá que cumplamos este mandamiento nuevo con la heroicidad de los mártires.
Que es verdad tienen una capacidad asombrosa de amar a Dios hasta el extremo de dar su vida.
Pero a ti y a mí, la heroicidad que sí se nos pide es más sencilla: la de perdonar hasta “setenta veces siete”, poner la otra mejilla, rezar por aquellos que quieren hacernos algún daño.
Por eso te decía al inicio: como cambian las cosas según la perspectiva; porque estas cosas que a ti y a mí nos cuestan tanto, es muy poco con lo que Dios les pide a otras personas.
Sin embargo, con qué facilidad asombrosa brota en nosotros el complejo de víctima, el complejo de queja, en la búsqueda de compensaciones.
Nuestro modelo es Cristo, Él sigue siendo totalmente inocente y se entregó a sus verdugos: “como como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores”.
TÚ NOS AMASTE PRIMERO
Danos, Señor, una mayor perspectiva. La conversión que nos pides en este tiempo de Cuaresma no es un favor que te hacemos, sino una inmensa deuda de amor que tenemos contigo Jesús.
¡Tú que nos amaste primero y nos amaste hasta el extremo! Por eso qué poca cosa es lo que nos pides a cambio, Señor.
También con esto del Evangelio del día de hoy, con la inmensa paciencia que tienes con cada uno de nosotros.
¿Acaso no podemos esforzarnos más e intentar tener un poco más de paciencia con los demás?
Lo tuyo, Señor, ya ni siquiera puede ser llamado paciencia. En la cruz alguien tuvo la osadía de gritarte:
“Si en verdad eres Hijo de Dios, baja ahora de la cruz”
(Mt 27,40).
¡Qué paciencia con esta gente tan impertinente! Y esto que dijo este hombre era totalmente verdad, pero así de impresionante es tu amor por nosotros, que no te bajaste.
Así mismo, tantas veces en nuestras vidas, nosotros tenemos una oportunidad similar.
Es totalmente cierto que alguien nos hizo daño, que se aprovechó de nosotros, que nos trató mal, que alguien tiene una deuda con nosotros, que tiene una fijación contra nosotros, etc…
QUÉ DIFÍCIL ES PONER LA OTRA MEJILLA
Todo esto puede ser cierto, pero, aunque todo eso sea verdad, Cristo nos pide que no le dejemos solo en la cruz.
Que, como Él, pongamos la otra mejilla, que tengamos nuestro corazón tan cerca del suyo en la cruz, que nos contagiemos de su amor misericordioso y aprendamos como Él, a perdonar.
¡Padre, que difícil es perdonar! ¡Qué difícil es poner la otra mejilla!
“El cristiano está obligado a ser alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo” (Es Cristo que pasa, 96)
Por tanto, esto de perdonar, pasar página, setenta veces siete, será más fácil en la medida que tú y yo, nos queramos parecer más a Cristo.
También en esto de amar (palabra fuerte):
“Amar a los enemigos y rezar por los que nos persiguen, para que seáis hijos del Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos”.
(Mt 5, 44-45)
Tú y yo, ya está, no hay más opción. Esta es la conducta propia de un hijo de Dios. Lo vimos en la Cruz, lo vemos en las vidas de tantos santos.
Y no nos queda de otra que pedir esa gracia que solo Dios nos puede dar, para que tengamos:
“Tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús”
(Flp 2,5).
Hay muchos frentes en esto de la conversión, que Dios espera de nosotros en esta Cuaresma. Cada quien verá por donde le aprieta el zapato.
VALE LA PENA
Aquello en lo que Dios quiere que nos convirtamos, especialmente en esta Cuaresma.
¿Por dónde empezar? La Iglesia nos propone este Evangelio de hoy, porque siempre podremos luchar más por ser misericordiosos:
“Sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso.”
(Lc 6,36).
La meta es muy alta, pero vale la pena. Y por eso vamos a aprovechar para hacer un brevísimo examen de conciencia.
¿Hay alguien a quien todavía guardo algún resentimiento? ¿Hay algún suceso del pasado que todavía no he podido perdonar del todo?
¿Hay alguien por quien me cuesta rezar, pidiendo de corazón el mayor bien? ¿Queda todavía alguna espina clavada en el corazón?
Existe un ejemplo muy bonito de lo que se puede ganar siguiendo esta indicación de Jesús.
Santa Josefina Bakhita, fue una esclava que fue maltratada por todos sus amos.
Pero finalmente tuvo contacto con el amor arrollador de Jesús, y entendió que no convenía, que en sus afectos hubiese algo que robara espacio en su corazón, a ese amor de Jesús.
Ella decidió, pues, perdonar a todos los que la habían vendido y maltratado como esclava.
EL PERDÓN LA LIBERÓ
Comentaba el Papa Francisco:
“A ella el perdón la liberó. El perdón primero recibido a través del amor misericordioso de Dios, y luego el perdón dado, la convirtió en una mujer libre y alegre, capaz de amar. (…)
Queridos hermanos y hermanas, el perdón no quita nada, sino que añade. ¿Qué cosa añade el perdón? Dignidad.
El perdón no te quita nada, sino que añade dignidad a la persona”
(Audiencia 11 de octubre de 2023).
Esto lo comentaba el Papa Francisco en su catequesis. ¿Y cuál es esta dignidad? Pues la dignidad que da la libertad de un hijo de Dios.
Mientras haya resentimiento, hay un hilo sutil que nos ata a aquello que nos hace daño. Es hora de cortar amarras, de perdonar.
Dicho de otro modo, cuando Dios nos pide perdonar, lejos de pedirnos algo cruel o injusto, nos está invitando a ser verdaderamente libres, como un verdadero hijo de Dios.
Ojalá nuestra Madre del Cielo, nos ayude a ilusionarnos con esta oportunidad de conversión que tenemos en la Cuaresma.
Que nos ayude a seguir ganando perspectiva. Seguimos intentando acercarnos al corazón de Jesús para imitarlo más y más.
Hoy ya entendemos mejor que perdonar como perdona Él, es decidirse a ser verdaderamente libres, como un hijo de Dios.